jueves, 22 de septiembre de 2011

En la espera


Las palabras agudas, sonrojadas por la brisa, se enredaban en mi cuerpo como una red de pesca, me sentía tan atrapada que hasta creí que no volvería a ver la luz del sol.
Mis ojos se entumecieron, y desorbitada me detenía a observar los detalles de aquel cuadro triste que se encontraba en la pared que daba al baño de la cafetería.
-Señorita, ¿Desea otro café?
No podía responder nada, mucho menos, a nadie.
-No, gracias- titubeé con un toque de pánico.
El resto de los minutos se fueron fermentando de a poco, tan suavemente, que su olor persuadía por toda la cafetería. Las decisiones que mi cuerpo me condenaban a realizar, eran las que me perturbaban por excelencia en cada sorbo de mi taza, incluso aun estando vacía, nos semejábamos lo suficiente como para sentirnos amigas. En el reinado de mis sentidos, fui penada a no sentir nada mas que el viento, que soplaba mi pelo tan dulcemente que la sensación era tan equitativa como un abrazo frío y cuántico, similar a mis recuerdos, todos paralelos, inconscientes a lo descifrable, simbólicas a las ondas sonoras provenientes de mamíferos con dos patas, que logran entenderse.
Ya casi me siento liberada, mi castigo sera relevado, la decisión final consta en ser parte de mi partida, y la indiscutible protuberancia de mis alas han retrasado la salida, esperar y desesperar en la espera se han hecho parte de mis condolencias.
La silueta de la planta que se encuentra frente a mí, es la que me acompaña en este instante, ansía mi huida, y se entristece con mis llegadas, descubre que estoy sola, que ya no vengo acompañada y mi ánimo que se encontraba a la deriva del deshielo, montada de manera ficticia como un paisaje infundido en sentimientos vagos y acobardados por la desilusión de haber sido desilusionada. El juego de palabras que solía emplear con mi teléfono para amparar esta avaricia de no estar tan sola, esta vez se ausentaron, dejándome a la deriva de algún trabalenguas pasajero.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Cuando eres prisionera.

Las ondas del viento se mezclaron con el peculiar perfume de las rosas, el pasto verde inciso entre los arbustos esperando recibir las cenizas de algún olvidado, y él, solo él envestido entre las copas verdes del bosque esperanzado.
Las ardillas pasajeras murmuraron su descontento, vieron aquel rostro consolado por la armonía de la naturaleza, mientras los ciervos lo miraban entre ojos y sin parpadear comentaron entre ellos su desgracia caminante. La soledad se volvió consuelo como regalo del desengaño, el perdón del cerrojo de aquella vaca suelta, perdida y adiestrada, tan manejable como sus sentimientos. El pánico se volvió alegria, el énfasis de conseguir la oración justa a ese remordimiento.
Ella, sin silabar ninguna palabra, fue directo hacia él. Las miradas todo lo dijeron, no era necesario replantear cual era el clima de tan apasionante situación. Ese hombre buscaba la disculpa perfecta al error más humano que existía, y la muchacha solo deseaba despedirse.
Un "no te vayas" desencajó en todo el dilema, se sorprendió de escucharlo, ella no quería que ocurriera, pues no sería capaz de irse, y su plan perfecto de abandonarlo en la inmensa nada se desplomaba como un castillo de arena con un simple viento fugaz.
De repente, una brisa encajó justo en medio de su pecho, y se sintió acorralada, angustiada, tan perdida como si no supiera quien era en realidad. Aquel personaje descabellado aprovechó la situación, y así como arte de magia, dio varios pasos hacia ella y saco un abrazo tan falso como sus recuerdos.
Se encontraban abrazados, pero ambos ocultaban sentimientos, un engaño cruzado que no merecía ni un segundo más, pues podían dejarlo todo y seguir, o mirarse el uno al otro y desprenderse de esa mochila, aquel dolor eran millones de piedras envueltas y los dos entendían que éste era más fuerte que cualquier pesar.
Uno distingue esa mirada voraz que aunque todo este en caída sentimos que estamos prendidos de una soga atada en el árbol más fuerte de toda su especie; él la tenía. Ella estaba unida a él, y
difícilmente, alguien desearía tirarse al precipicio en vez de seguir unida a un camino sin salida, sin retorno. Aquellos que caen, son libres, los demás, son los demás.
¡Zaf!, huye del abrazo, se desliza con rapidez de sus manos, ha descubierto la realidad.
Mujer y amante, paseada por una de las tantas bestias del bosque, es libre. Corre por las praderas y sus lágrimas a la vez, con el viento. Esas mismas le invocan alegría, ha soltado cada una de las piedras durante el camino, está ligera de peso y sus manos se desenvuelven como las alas de alguna paloma. Llega hasta la ciudad cansada de tanto trote, sus amigos la ven de otra manera, pues han notado que ya no es prisionera de ese engañoso amor que tanto la retenía. Todo había quedado atrás, y los aplausos, las sonrisas, los abrazos se hicieron eternos, era uno detrás de otro. La conmovedora situación la hizo sentir independiente a tal punto de confesarles por el difícil obstáculo que hora atrás había pasado. Una nueva mujer, así se definió.
Él,seguía en el bosque, esperando a que otra presa pasara por allí.

miércoles, 27 de julio de 2011

Tormentas


Las curvas fusiformes del espacio infinito, son marcadas por esas pequeñas lineas desorbitadas que con testarudez bajan desde el cielo, cayendo con toda su furia sobre los pastos desteñidos, que a cada kilómetro van degradando el verde llamativo de las casas tan cercanas unas a otras. Bendecido el hombre que de cerca puede asumir el paisaje tan eléctrico y resaltado de esas parábolas, sin que ni uno de sus finos pelos sufriera descontrol de su cabellera, inmortalizados latidos desenfrenados de pasión que se apoderan de su realidad.
Caminos cruzados, paulatinos tractos entre la tierra y las nubes fusiformes que apañan la vista de los caminantes, dentro de ese casi bosque, que en solventes ocasiones ha sido el protagonista principal de un film de terror. ¡Cuidado!,la tormenta se acerca. Se acechan palabras que esconden miedo, mientras que otras salen despavoridas por el aire, castigando todo sentimiento repulsivo al futuro desastre natural.
Pasara, dejara huellas, marcara el sentido del rencor sobre los pueblerinos, quienes llorarán sus techos desgarrados, sus hijos sin hogar y sus sueños desarmados, pero se llevará almas, y eso no se puede reconstruir.
La memoria de ese panorama, ahora transformado en la nada misma, será el hogar de cientos de espíritus que en cada tormenta, saldrán a espiar esas curvas fusiformes del espacio infinito, que con testarudez, bajan desde el cielo.

jueves, 21 de julio de 2011

Como gusanos adiestrados

Las riquezas que comparte a cuenta gotas lo hacen sentirse el hombre más noble de la tierra, al pequeño gusano adiestrado, personaje infame de la burocracia existencial. El aroma de sus prendas huye hacia donde su dueño va, lo siguen por cada rincón de la espaciosa casa, vacíamente bien personificado, varios cuadros colgados y una cantidad de telas delicadas por doquier. Toda estrella materialista contiene un hábitat con dichas cualidades.

Buenos días mi Lord, el desayuno está listo. Abusar de un titulo inexistente para su bienestar madrugador es algo que muchos acostumbran a usar, una plena vagancia del espíritu para no ver la pobre realidad del entusiasta millonario. Plena angustia la mía, al saber que mi hijo no entiende las leyes de la vida, siendo que yo mismo aplicaba a cada momento la réplica cotidiana de lo que es amar a pesar de todo. Mujeres sinvergüenzas que lo rodean en su continuidad económica, que el mismo sabe que no estarán en sus bajezas, lo deslumbran e ilusionan con tontas promesas futuristas. Una lástima verlo así, tan eclipsado.

Después del desayuno suelo leer el diario, o que mi chofer comente las noticias, pues ahorra tiempo y dinero. Una mañana como cualquier otra recibí la carta que haría girar mi vida:

“Hijo, si estás leyendo esto sabrás que ya no estoy. Pues no quiero ocupar muchos minutos de tu afamada vida, pero de seguro que cometerías tantos errores como pudieses, y en un intento desesperado de salvar las últimas partes de esa vaga alma, decidí dejarte como herencia mi cariño y una casita hermosa en el bosque que de niño solías adorar. Espero que algún día comprendas que los humanos ricos suelen evolucionar a pequeños gusanos adiestrados, yo solo te ayudo a ser mariposa.

Con el mayor amor del mundo,

Papá.”

Disculpe usted, señora

El tiempo no es el sanador de todas las crueldades, es el reflejo de la soledad y la tristeza en el rostro de algunos, pensar que con tan solo ver el reloj, notaba q los minutos se hacían siglos mientras que los agonizantes por el ruido tintineante de las agujas desesperaban por el espejo. Espero no ser imprudente señora, pues harto estoy de tanta injusticia, mal de amor, llantos, amistades quebradas y jamás para el dolor en el pecho. Sé que usted no debe entender a que me refiero, pues su rostro no parece agobiado por el paso de la vida, mientras que mis ojos son solo muestra de lo impuro que ha sido mi trayecto. Verá usted, soy muy sociable, pero a la vez tan dependiente de las calumnias y de otros maleficios que no podre por un largo lapso mirar a la cara a muchos de mis clientes. He engañado a casi todos aquellos que me regalaron esperanzas, y en vano fueron cada unos de sus agasajos por tanto se que nunca fui merecedor de tanta cortesía. Discúlpeme señora, usted aquí sentada al lado mío, en este asiento chillón se debe encontrar desconcertada, mire que venir a tener esta maliciada suerte de cruzarse conmigo, un hombre caído en puras desgracias, dignas del tiempo revoltoso en el que solemos encontrarnos. No merece tanta blasfemia. Caigo en lágrimas porque no tenga otra manera de agradecer su duración en esta plaza, un humano en estas condiciones es un peligro para cualquier miembro de esta culta sociedad.

Joven no se sienta tan desgraciado, todos aquellos viajeros de esta vida son nomás que propios testigos de los malos tiempos. La vida es atroz en ciertos momentos, pero las enseñanzas de tan complejas situaciones son la que los hace fuertes y sabios, no se deje engañar, esto recién empieza.

Atontado por las sabias palabras de aquella mujer que al principio era una simple desconocida, en ese instante me era tan familiar que podría jurar que vivía conmigo. Señora esto es infinitamente grande para mí. Debo agradecerle por amparar mis angustias en unas pocas palabras.

Tranquilo joven su vida recién comienza, no le prometo nada, pues no soy dios, si le prometo que alargare febrero y daré mas minutos en otoño para poder remediar mi mal trabajo. Gracias tiempo, esperemos que esta vez funcione.

Así termino la charla. Cada uno se fue caminando por su lado, sabiendo que esa conversación había sido la más importante para ambos, desde ahora yo sabía que tendría mas tiempo, y el mismo tiempo sabía que iba a cambiar.

martes, 19 de julio de 2011

Mi ventana mensajera

Es invierno, y al respirar junto al vidrio noto como una bruma se produce cercana a mi nariz. Desde este rincón pequeño de mi hogar puedo observar a un par de palomas zambulléndose en un charco pequeño en el margen de mi patio, mientras otras de las mismas caminan con delicados pasos sobre los grumos de barro.

La orden del día de hoy fue no salir, pues a nadie le es de su agrado ver su piso de mármol recién encerado repleto de salpicaduras propias de un día tempestuoso, muy entendible. No me entristece realizar dicha obediencia, suelo conformarme varias veces con simplemente arrimarme a mi ventana, y así desde el sillón escuchar los pasos del día y las ilusiones de la noche.

Las translucidas gotas caen una por una sobre el techo, sonando casi como una orquesta, produciendo una sensación de armonía y placidez maravillosas para la ocasión, y es que no hay lógica si un día lluvioso no tiene lluvia.

Manos de contextura delicada con unas prolongaciones sumisas y suaves me toman por los costados para sacarme de ese rincón y colocarme sobre el suelo. Hace mucho frío, dice la joven, y me coloca un abrigo muy caluroso y me niego a esta situación, al final siempre mi carita de por favor es la que gana.

Como quieras, pero no hoy no saldrás afuera, hay mucho barro y tus cuatro patitas dejaran su marca por todo el mármol, ¿Te parece si te recompenso con un hueso grande de caramelo? Mi exaltación final fue un indicio de “sí, quiero”, y a los pocos minutos tuve mi premio. Volví al sillón ahora con un invitado de mi grato agrado, un hueso enorme para degustar en esta tarde tan apagada. Mientras los niños miran dibujitos en la televisión, yo me complazco en compartir momentos con ella, pues es mi diversión más entretenida, ella me cuenta los secretos del día, y yo la acompaño en el sueño por las noches.

martes, 12 de julio de 2011

Noches de carnaval

La mujer perspicaz, la chica audaz, el sombrero loco y el hombre con jopo, personajes barriales que se engalanan para el carnaval.
El verano se asoma a cada rincón de las casas, rayos ultravioletas desenfrenados penetrando los poros de esas pieles tan blanquecinas .
Las carrozas pasan mostrando toda esa belleza, y la lujuria despierta empapada de espuma. Ruidos de ambulancias tocando sin parar, pues de seguro alguien se quedó sin ojo, el papel picado no perdona.
Los niños comen helado, juegan y se ensucian, además de jugar al ring-raje. Han tocado unas dos o tres veces el timbre de mi casa, y he logrado escuchar esas risas juguetonas, muy típicas de su edad.
Un anciano como yo puede que no deba tener este paisaje tan a la vista, y menos que sin entrada alguna disfrute de este carnaval.
Cinco festines días engalanan mis ojos, pues mi ventana da a la calle principal. Cubrí de hermosas almohadas mi cómodo sofá, ya que este será mi butaca en dicha función.
Cuarto día con una gran jornada, ya casi se termina la alegría barrial, se que cuando todo finalice mi familia vendrá de visita y esa sera mi mayor alegría, pues una carroza así uno no consigue con tanta facilidad.
Alguien ha entrado a mi hogar, ya me descubrieron.
Tantas sesiones nocturnas en mi ventana sobre este cuerpo tan frío y en descomposición no fueron las mejores de mi vida, pero me hubiera gustado pasar aquí mi ultima noche de carnaval.
Me despido de los antifaces, y de tanta espuma colorida, se que en otra vida te volveré a encontrar.